ESPAÑOL (ENGLISH BELOW)

1.1

ESP

El creador de formas

En la capilla de la Colonia Güell, sobre el dintel de la puerta de entrada, una composición cerámica exhibe los símbolos de las cuatro virtudes cardinales: la templanza se representa mediante el cuchillo cortando el pan y el vino dentro del porrón, pues, gracias al porrón, nuestro pueblo es donde hay menos borrachos.

Foto 1

Mosaico del dintel de entrada a la Cripta de la Colonia Güell, donde Gaudí representó, mediante la técnica del trencadís, hojas de vid, cepas de uva y un porrón.

Foto 2

El ingenio de la maqueta funicular de Gaudí en su taller de la Cripta de la Colonia Güell.

1.2

ESP

«Usted es el Dante de la arquitectura».

Frase dirigida a Gaudí por el nuncio apostólico en España, cardenal Francesco Ragonesi, durante su visita al templo de la Sagrada Familia de Barcelona el 2 de julio de 1915.

1.3

ESP

Gaudí fue un gran observador de la naturaleza. Una naturaleza que durante millones de años había estado en continua evolución, en constante perfeccionamiento. Gaudí observaba su luz, sus estructuras, sus geometrías, sus funciones. La naturaleza fue su maestra, la lección que más influyó en su obra.

Con toda la ingente información que fue interiorizando, fruto de esta contemplación y de su estudio, la mente de Gaudí desarrolló un nuevo método creativo que le permitió seleccionar lo mejor de lo aprendido para crear algo nuevo. Una nueva luz. Una geometría nunca antes aplicada. Una nueva visión de la tradición. Una recuperación del valor de la artesanía. «Los métodos de Gaudí, un siglo después, siguen siendo revolucionarios», como dice sir Norman Foster.

Gaudí fue pionero en el uso del diseño paramétrico analógico, precursor del actual diseño digital, mediante su genial invento de la maqueta funicular que construyó en su taller de la Colonia Güell. Este modelo revolucionario estaba suspendido en posición invertida y el arquitecto dirigía los complejos cálculos; después tomaba fotografías y les daba la vuelta, dibujando sobre ellas el diseño final de lo que sería el futuro templo. Este fue su enorme legado científico. Pero no fue hasta mediados del siglo XX cuando se empezó a comprender la importancia de esta herencia.

Desde el siglo XVII, la tradición popular de levantar torres humanas (castells) se extendió por el Camp de Tarragona y el Penedès. Los Castellers de Vilafranca del Penedès son una de las agrupaciones castelleras de mayor prestigio internacional. Ese mismo año, la UNESCO declaró los castells Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Gaudí se mostraba satisfecho de la semejanza simbólica de los castells con las torres de la Sagrada Familia: «Los santos que irían en las vidrieras de los ventanales, uno sobre otro, representaban que nadie puede subir al cielo por sus propios medios; para llegar hasta él es necesario que nos ayudemos unos a otros». Pero también existe una coincidencia científico-técnica: la funícula, o curva de equilibrio, de un castell concuerda con la silueta de las torres del templo. Ambas obedecen a la misma ley de equilibrio, por simple sentido mecánico. Pura racionalidad y funcionalidad populares aplicadas a la mecánica constructiva.

A partir del modelo tridimensional de la Colonia Güell, Gaudí pudo completar la cripta de esta iglesia. Fue, así, un compendio de la traslación de la naturaleza a la arquitectura mediante la utilización de las formas geométricas regladas: paraboloides hiperbólicos, hiperboloides, helicoides y conoides. «Sin la prueba a gran escala de estas formas alabeadas que he realizado en la Colonia Güell, no me habría atrevido a utilizarlas en el Templo de la Sagrada Familia. Esta obra fue, pues, el experimento previo de la nueva arquitectura».

El mosaico de trencadís situado en el dintel de la puerta de acceso a la Cripta de la Colonia Güell contiene las representaciones de las cuatro virtudes cardinales, así como uvas blancas y negras, y un porrón típico catalán que ejemplifica la moderación en el consumo de vino. Así se recrea la imagen de un Gaudí compartiendo comidas con los obreros de la cripta, en las que nunca faltaba un buen vino, siempre servido en porrón.

Utilizar el porrón plantea un desafío artístico, por la artesanía del recipiente, y de destreza, además de constituir una prueba de identidad catalana aceptada por todos y en todas partes. Pero Gaudí también lo valoraba como una prueba de racionalidad. Como decía, el porrón evita los excesos en la bebida y permite disfrutar del placer de beber vino de una manera ortodoxa y casi científica.

El arquitecto era heredero de una tradición que comprendía todo el proceso de análisis de beber vino en porrón: examinándolo a contraluz, tomando un pequeño sorbo por el pitorro, de modo que el vino recorra cada parte de la boca, mientras se respira para apreciar todos sus aromas.

Las obras de Gaudí son un claro compendio del naturalismo arquitectónico que él llevó a la práctica, pues para diseñarlas se basó en las leyes de la naturaleza y se inspiró directamente en el mar, las montañas, las flores, los animales y los árboles. Para conocer al máximo estos elementos de la naturaleza, que ya habían sido incorporados al arte por las antiguas culturas, el arquitecto consultaba el tratado de ornamentación The Grammar of Ornament, del británico Owen Jones.

Esta publicación se encontraba en la biblioteca de la Universidad de Barcelona, donde cursó sus estudios, y fue en ella donde el joven Gaudí tuvo su encuentro con un nuevo universo artístico de formas geométricas y naturalistas ricamente policromadas. La contemplación directa de las láminas cromolitográficas de esta obra le atrajo enormemente. Su mente creativa prestaba más atención a lo que veía que a lo que leía en los libros de texto oficiales de la Escuela de Arquitectura de Barcelona.

Esto motivaría que Elies Rogent i Amat (Barcelona, 1821-1897), director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, al escribir en el diario del curso 1877-1878 el nombre de Gaudí entre quienes habían aprobado la carrera, añadiera a su lado, entre paréntesis: «Un genio o un loco».

En 1883, Rogent actuaría como perito cuando la dirección de las obras de la Sagrada Familia pasó de Francisco de Paula del Villar a Gaudí. Este profesor universitario dejó diversos ejemplos de su obra en el Penedès, tanto urbanísticos como arquitectónicos.

En el mencionado mosaico de la Colonia Güell aparecen uvas, como en la Casa Calvet, y hojas de parra o de vid, como en la Casa Vicens, entre muchas otras representaciones de elementos de la naturaleza.

Por ejemplo, se pueden observar claveles de moro plasmados en cerámica en la fachada. Cuando Gaudí visitó el solar del futuro edificio, lo encontró repleto de estas flores. Lamentando que tuvieran que desaparecer a causa de la construcción, les dio vida reproduciéndolas en azulejos.

Reprodujo fielmente los pétalos de color naranja y las hojas con un verde muy especial que pasó a ser conocido como Verde Gaudí. El respeto por la naturaleza era un principio básico para el arquitecto.

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