Foto: Litografía de un grabado de Joan Miró de la serie «Homenatge a Gaudí» (1978-1979).
Gaudí, además de pionero del diseño paramétrico y de una nueva arquitectura, ejerció una notable influencia en las vanguardias y el arte contemporáneo. Los arquitectos más eminentes descubrieron que no todo en la obra de Gaudí es forma, que sus propuestas van más allá del ornamento y que lo que realmente le preocupaba era el espacio, la geometría, la estructura y la construcción, conceptos que Gaudí puso al servicio del arte, pues su objetivo era alcanzar una obra de arte total.
Por ello, no solo anticipó algunos postulados del movimiento moderno, el funcionalismo, el organicismo y el estructuralismo, sino que, en cierto modo, también fue expresionista, intuyó el surrealismo y, a su manera, utilizó el collage, el objet trouvé y la geometría de los cubistas. En realidad, Gaudí también fue un auténtico precursor del arte no figurativo y de la escultura abstracta. Y de ello también encontramos huellas en este territorio.
La tradicional técnica mediterránea del mosaico fue reinventada por Gaudí, quien llevó esta composición decorativa clásica hacia la modernidad con su famoso trencadís, abriendo así el camino a muchas otras técnicas de las vanguardias artísticas del siglo XX, como el collage.
Además, Gaudí introdujo una valoración del material por sí mismo, no como un mero complemento, de manera semejante a lo que más tarde harían Pablo Picasso y Georges Braque en los collages de su cubismo sintético. Gaudí, con la inestimable colaboración de su ayudante, el arquitecto Josep Maria Jujol i Gibert (Tarragona, 1879 – Barcelona, 1949), convirtió esta original técnica de reciclaje de materiales procedentes de vertederos en un arte universal que también inspiró a Joan Miró y Salvador Dalí. Jujol dejó obras en Vilanova i la Geltrú, concretamente en la capilla de la Casa d’Empara y en la iglesia de Sant Antoni Abat.
Estas obras de Gaudí fueron objeto de admiración por parte de un joven Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, 1973), quien, además, tuvo un estudio artístico en Barcelona situado frente al Palacio Güell de Gaudí. En la parte superior de la sala principal de este edificio hay cuatro vidrieras consideradas la primera representación de la abstracción en el arte moderno y, por tanto, precursoras del cubismo.
Para representar los símbolos episcopales (mitra, báculo y anillo) en los pináculos de la Sagrada Familia, Gaudí se alejó del realismo y los descompuso, creando una composición plenamente cubista, como también lo son los modelos de ventanales del templo.
Picasso frecuentaba Sitges como invitado de su amigo Carles Casagemas i Coll (Barcelona, 1880 – París, 1901), hijo de Manuel Casagemas i Labrós, secretario de la Compañía Trasatlántica Española. Precisamente, el impacto del suicidio de Carles en París, en plena juventud, provocó el inicio de su denominado «período azul», caracterizado por personajes de expresividad trágica al estilo de El Greco.
Asimismo, la relación de Picasso con Santiago Rusiñol, de quien realizó 22 retratos, lo acercó al Cau Ferrat, donde se conservan obras del pintor malagueño.
Entre 1913 y 1920, Joan Miró i Ferrà (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983) coincidió con Gaudí en el Cercle Artístic de Sant Lluc y, desde entonces, siempre tuvo al arquitecto como referente. Obras como la Casa Milà o el Park Güell están muy presentes en numerosos trabajos de Miró.
Ambos artistas compartían la observación de la naturaleza, las representaciones paisajísticas de sus respectivos entornos y la creación de un lenguaje único y personal, plenamente libre.
Al recibir el encargo de decorar el exterior de la futura sede de la UNESCO en París (1955), Miró declaró que se inspiraría en Gaudí para realizar este trabajo. Se trata de dos murales («Sol» y «Luna») diseñados por Miró y realizados por Josep Llorens i Artigas con azulejos de cerámica. Llorens también coincidió con Gaudí y Miró en el Cercle de Sant Lluc.
A Miró le apasionaba «experimentar con nuevos materiales locales e incrustaciones de materiales, como hacía Gaudí, todo ello dictado por la arquitectura y el paisaje».
Así, Miró adoptó el trencadís de Gaudí en sus obras destinadas a espacios públicos, como Dona i ocell (Barcelona, 1982) y Miss Chicago (1981).
El trencadís fue también la inspiración de Miró para crear la Sèrie Gaudí (1979), una colección de grabados con la que homenajeaba el universo policromado y vitalista del arquitecto.
Vinculado a Sitges encontramos al pionero de la fotografía moderna Joaquim Gomis i Serdañons (Barcelona, 1902–1991), quien tuvo a Gaudí y Miró como referentes creativos y fue el primer presidente de la Associació d’Amics de Gaudí y de la Fundació Joan Miró de Barcelona.
ENG
Photo: Lithograph of an engraving by Joan Miró from the series Homenatge a Gaudí (“Homage to Gaudí”, 1978–1979).
In addition to pioneering parametric design and a new approach to architecture, Gaudí exerted a significant influence on the avant-garde movements and contemporary art. Leading architects came to recognise that Gaudí’s work was not merely about form, that his ideas extended far beyond ornamentation, and that his principal concerns were space, geometry, structure and construction. Gaudí placed all these concepts at the service of art, pursuing the creation of a total work of art.
For this reason, he not only anticipated certain principles of the Modern Movement, Functionalism, Organicism and Structuralism, but was also, in some respects, an Expressionist, foreshadowed Surrealism and, in his own way, employed collage, the objet trouvé and Cubist geometry. Indeed, Gaudí was also a genuine precursor of non-figurative art and abstract sculpture. Traces of this influence can also be found throughout the region.
Gaudí reinvented the traditional Mediterranean technique of mosaic-making, bringing this classical decorative art into the modern age through his celebrated trencadís technique. In doing so, he opened the way for many other techniques associated with the twentieth-century artistic avant-garde, including collage.
Furthermore, Gaudí recognised the intrinsic value of materials rather than treating them merely as supplementary elements, much as Pablo Picasso and Georges Braque would later do in their Synthetic Cubist collages.
With the invaluable collaboration of his assistant, the architect Josep Maria Jujol i Gibert (Tarragona, 1879 – Barcelona, 1949), Gaudí transformed this original technique of recycling discarded materials from rubbish dumps into a universal art form that also inspired Joan Miró and Salvador Dalí. Jujol left his mark on Vilanova i la Geltrú, particularly in the chapel of the Casa d’Empara and the Church of Sant Antoni Abat.
These works by Gaudí were admired by the young Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, 1973), who also maintained an art studio in Barcelona opposite Gaudí’s Palau Güell. In the upper section of the building’s main hall are four stained-glass windows regarded as the first representation of abstraction in modern art and, consequently, as precursors of Cubism.
When representing episcopal symbols (the mitre, crosier and ring) on the pinnacles of the Sagrada Família, Gaudí moved away from realism, breaking down their forms to create a distinctly Cubist composition. The designs for the temple’s windows also display similar characteristics.
Picasso frequently visited Sitges as a guest of his friend Carles Casagemas i Coll (Barcelona, 1880 – Paris, 1901), son of Manuel Casagemas i Labrós, secretary of the Compañía Trasatlántica Española. The profound impact of Carles’s suicide in Paris at a young age marked the beginning of Picasso’s so-called “Blue Period”, characterised by figures displaying a tragic expressiveness reminiscent of El Greco.
Picasso’s acquaintance with Santiago Rusiñol, of whom he produced 22 portraits, also brought him closer to the Cau Ferrat, where works by the Málaga-born painter are preserved.
Between 1913 and 1920, Joan Miró i Ferrà (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983) encountered Gaudí at the Cercle Artístic de Sant Lluc and thereafter regarded the architect as a lasting source of inspiration. Buildings such as Casa Milà and Park Güell are clearly reflected in many of Miró’s works.
Both artists shared a commitment to observing nature, depicting the landscapes of their surroundings and developing a unique, personal and entirely free artistic language.
When commissioned to decorate the exterior of the future UNESCO headquarters in Paris in 1955, Miró declared that he would draw inspiration from Gaudí. The resulting works were two murals, Sun and Moon, designed by Miró and executed in ceramic tiles by Josep Llorens i Artigas. Llorens had also been associated with Gaudí and Miró at the Cercle de Sant Lluc.
Miró was passionate about “experimenting with new local materials and incorporating different substances, as Gaudí did, all guided by architecture and the landscape”.
Miró consequently adopted Gaudí’s trencadís technique in works created for public spaces, such as Dona i ocell (“Woman and Bird”, Barcelona, 1982) and Miss Chicago (1981).
The trencadís technique also inspired Miró to create the Sèrie Gaudí (1979), a collection of prints paying tribute to the architect’s colourful and vibrant artistic universe.
Another figure associated with Sitges was Joaquim Gomis i Serdañons (Barcelona, 1902–1991), a pioneer of modern photography who regarded Gaudí and Miró as creative role models. He became the first president of both the Associació d’Amics de Gaudí (Association of Friends of Gaudí) and the Fundació Joan Miró in Barcelona.
15.2
Gaudí sufrió las burlas, la indiferencia y el olvido de la mayoría de sus compatriotas, tanto de sus contemporáneos como de las generaciones posteriores. Incluso hoy, después de descubrir una importante fuente de ingresos económicos gracias al turismo que visita sus obras, en su tierra natal se sigue sin conocer el auténtico valor de este genio universal.
Esto contrasta con el vivo interés que su figura despertó, desde un principio, entre los arquitectos internacionales más destacados y personalidades de las vanguardias del siglo XX como Guillaume Apollinaire, André Breton, Man Ray, Dora Maar, Paul Éluard y Dalí. Precisamente sería este último, icono del surrealismo, quien lo restituiría al lugar preeminente que le corresponde en la Historia del Arte. En realidad, las figuras de Gaudí y Dalí presentan un paralelismo: ambos fueron considerados extraños en su propia tierra y sufrieron una prolongada indiferencia por parte de sus conciudadanos.
Uno de los escasos defensores de Gaudí fue el filósofo Francesc Pujols i Morgades (Barcelona, 1882 – Martorell, 1962), quien en 1927 publicó la biografía titulada La visió artística i religiosa d’en Gaudí, una obra que ejercería una profunda influencia sobre el joven Salvador Dalí i Domènech (Figueres, 1904–1989). Tanto fue así que acabaría erigiendo un monumento en homenaje a Pujols frente a la entrada de su Teatro-Museo de Figueres. Cuatro décadas más tarde, Dalí proyectó la realización de una película biográfica sobre Gaudí con el mismo título que el libro de Pujols, aunque únicamente llegó a publicarse un magnífico libro.
Desde una perspectiva artística, Dalí descubrió el surrealismo de Gaudí en la Sagrada Familia, la Casa Milà y el Park Güell. En 1931, después de haber visitado la Sagrada Familia, Dalí pintó el cuadro La persistencia de la memoria, también conocido como Los relojes blandos, para el cual tomó como referencia los cuerpos de los niños muertos del grupo escultórico de la Matanza de los Inocentes realizado por Gaudí en la fachada del Nacimiento del templo barcelonés.
En las rígidas columnas geométricas del Park Güell, que sostienen un techo blando y etéreo, Dalí encontró un efecto desconcertante y contradictorio que calificó de puro surrealismo. Por ello, Dalí consideraba a Gaudí su precursor y lo dio a conocer al resto de surrealistas mediante conferencias y el célebre artículo De la beauté terrifiante et comestible de l’architecture Modern Style, publicado en la revista Minotaure (París, 1933).
En 1936, Dalí fue la figura principal de su primera exposición en el MoMA de Nueva York, titulada Fantastic Art, Dada & Surrealism, en la que insistió en exhibir una serie de fotografías de obras de Gaudí. Al año siguiente, la revista Minotaure publicó obras de Dalí acompañadas del siguiente texto:
«Miguel Ángel, ese viejo y auténtico embrión, está de acuerdo conmigo. Dice que la voluta del sueño es grandiosa, musculosa, perseverante, absorbida, enteramente absorbida, agotada, triunfante, pesada, ligera y confitada; es decir, que Gaudí tenía mil veces más razón».
Dalí también publicó una guía turística de España en Vogue (1950), en la que recomendaba visitar los edificios de Gaudí, y en 1958 se ofreció para continuar las obras de la Sagrada Familia.
A lo largo de toda su vida, el objetivo de Dalí fue difundir la obra de Gaudí. Por ello, también promovió iniciativas destinadas a recaudar fondos, como la primera gran exposición dedicada a Gaudí, celebrada en Barcelona en 1956.
En 1972, Dalí visitó la Colònia Güell acompañado de su musa Amanda Lear. Al comprobar el mal estado en que se encontraba el templo construido por Gaudí, impulsó el proyecto de realizar una publicación cuyos beneficios se destinarían a su restauración. Gaudí diseñó la portada de esta edición (1976), cuyo motivo principal fue la inicial del apellido Gaudí, inspirada en un zapato de tacón de Amanda.
La aparición en Sitges de la revista L’Amic de les Arts, publicación pionera de las vanguardias en Cataluña durante el período de entreguerras, propició que Dalí frecuentara la Blanca Subur junto a su amigo Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Víznar/Alfacar, 1936).
Ha quedado para la memoria la icónica fotografía de ambos en la estación de Sitges junto a los redactores de la revista: Manuel Font, Josep Vicenç Foix, Sebastià Gasch, Lluís Montanyà, Josep Carbonell y Magí Albert Cassanyes, tomada el 25 de junio de 1927.
Dalí hizo de guía del poeta andaluz por Barcelona y lo llevó a la Sagrada Familia:
«Recuerdo que Lorca, ante la admirable fachada de la Sagrada Familia, aseguraba que oía un griterío cuya estridencia ascendía hasta los pináculos de la basílica y que le provocaba una tensión tan intensa que le resultaba insoportable».
La bodega Torre del Veguer, en el Garraf, dispone de un espacio que recuerda la relación de Dalí con un antepasado de sus propietarios, Joaquín Gay de Montellà i Casanovas. Estos han homenajeado al artista decorando las etiquetas de sus vinos con la obra Estudio para la joya «Las uvas de la inmortalidad».
Gaudí entabló amistad con el industrial Damià Mateu i Bisa (Llinars del Vallès, 1863 – Barcelona, 1935), miembro de la Junta Constructora de la Sagrada Familia, quien le encargó su residencia de verano en Llinars del Vallès, conocida como La Miranda.
Su hijo Miquel Mateu i Pla (Barcelona, 1898–1972), fundador de la bodega Castell de Perelada, y Dalí se profesaban un afecto mutuo. Es sabido que, cuando el artista recibía invitados en su casa de Portlligat, siempre les ofrecía una copa de cava Perelada, lo que favoreció la difusión internacional de este vino. Desde 1979, esta marca dispone de una bodega en Vilafranca del Penedès, hecho que le permitió situarse entre los principales productores de vinos espumosos.
Josep Maria Subirachs i Sitjar (Barcelona, 1927–2014) fue uno de los escultores más destacados de la segunda mitad del siglo XX. La fachada de la Pasión de la Sagrada Familia de Barcelona es el conjunto escultórico por el que más se le recuerda, donde llevó al límite la idea de Gaudí de dotarla de un contraste extremo respecto a la fachada del Nacimiento.
Durante muchos años, este artista manifestó su oposición a continuar las obras del templo después de la muerte de Gaudí, pero en 1987 aceptó el encargo, que culminó en 2009.
Todas las obras de Subirachs transmiten su peculiar personalidad artística, algo muy difícil de conseguir cuando deben integrarse en espacios públicos, como hizo con SITGES, situada a la entrada del parque de Can Robert.
Uno de sus mejores amigos fue el fotógrafo Joan Iriarte i Ibarz (Barcelona, 1936 – Sitges, 2018), establecido en Sitges, quien documentó el proceso creativo de Subirachs en la Sagrada Familia.
Sitges también cuenta con dos importantes colecciones de Subirachs: la de la galería de arte Àgora 3 y la expuesta permanentemente en el hotel Estela Barcelona.
El monasterio de Montserrat es otro lugar esencial en el universo de Subirachs, pues alberga numerosas obras monumentales que pueden contemplarse allí. El macizo constituye también un referente espiritual y visual, ya que puede observarse desde numerosos puntos de los viñedos de la D. O. Penedès.
El museo de Montserrat exhibe piezas interesantes e inconfundibles de Subirachs, como la denominada La Familia, cedida en depósito por la Fundació Pinnae de Vilafranca del Penedès.
ENG
Gaudí endured mockery, indifference and neglect from most of his fellow countrymen, both during his lifetime and in the decades that followed. Even today, despite the substantial economic benefits generated by tourists visiting his works, the true significance of this universal genius remains insufficiently understood in his homeland.
This contrasts sharply with the keen interest his work aroused from the outset among leading international architects and prominent figures of the twentieth-century avant-garde, including Guillaume Apollinaire, André Breton, Man Ray, Dora Maar, Paul Éluard and Dalí. It was precisely the latter, an icon of Surrealism, who would restore Gaudí to the prominent place he deserves in the history of art. Indeed, Gaudí and Dalí shared a striking parallel: both were regarded as outsiders in their own homeland and experienced prolonged indifference from their fellow citizens.
One of Gaudí’s few defenders was the philosopher Francesc Pujols i Morgades (Barcelona, 1882 – Martorell, 1962), who published a biography entitled La visió artística i religiosa d’en Gaudí (“Gaudí’s Artistic and Religious Vision”) in 1927. This work profoundly influenced the young Salvador Dalí i Domènech (Figueres, 1904–1989), so much so that Dalí eventually erected a monument in Pujols’s honour outside the entrance to his Theatre-Museum in Figueres.
Four decades later, Dalí planned to make a biographical film about Gaudí under the same title as Pujols’s book, although the project ultimately resulted only in the publication of a magnificent book.
From an artistic perspective, Dalí discovered Gaudí’s Surrealism in the Sagrada Família, Casa Milà and Park Güell. In 1931, after visiting the Sagrada Família, Dalí painted The Persistence of Memory, also known as The Melting Clocks, drawing inspiration from the bodies of the dead children in the sculptural group depicting the Massacre of the Innocents, created by Gaudí on the Nativity Façade of the Barcelona basilica.
In the rigid geometric columns of Park Güell, which support a soft, ethereal ceiling, Dalí perceived a bewildering and contradictory effect that he described as pure Surrealism. For this reason, Dalí regarded Gaudí as his precursor and introduced his work to other Surrealists through lectures and his celebrated article De la beauté terrifiante et comestible de l’architecture Modern Style (“On the Terrifying and Edible Beauty of Art Nouveau Architecture”), published in the journal Minotaure (Paris, 1933).
In 1936, Dalí was the leading figure in his first exhibition at New York’s MoMA, entitled Fantastic Art, Dada & Surrealism, where he insisted on displaying a series of photographs of Gaudí’s works.
The following year, Minotaure published works by Dalí accompanied by the following text:
“Michelangelo, that old and genuine embryo, agrees with me. He says that the spiral of the dream is grandiose, muscular, persevering, absorbed, entirely absorbed, exhausted, triumphant, heavy, light and candied; in other words, Gaudí was a thousand times more right.”
Dalí also published a travel guide to Spain in Vogue (1950), recommending visits to Gaudí’s buildings, and in 1958 offered to continue construction of the Sagrada Família.
Throughout his life, Dalí sought to promote Gaudí’s work. He therefore also supported fundraising initiatives, including the first major exhibition devoted to Gaudí, held in Barcelona in 1956.
In 1972, Dalí visited the Colònia Güell accompanied by his muse Amanda Lear. Upon seeing the poor condition of the church designed by Gaudí, he encouraged a project to produce a publication whose proceeds would support its restoration. Gaudí designed the cover of this edition (1976), whose central motif was the initial of Gaudí’s surname, inspired by one of Amanda’s high-heeled shoes.
The emergence in Sitges of the magazine L’Amic de les Arts, the leading avant-garde publication in Catalonia during the interwar period, encouraged Dalí to visit the town, known as the Blanca Subur, frequently alongside his friend Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898 – Víznar/Alfacar, 1936).
An iconic photograph preserves the memory of the two artists at Sitges railway station, together with the magazine’s contributors Manuel Font, Josep Vicenç Foix, Sebastià Gasch, Lluís Montanyà, Josep Carbonell and Magí Albert Cassanyes, on 25 June 1927.
Dalí acted as the Andalusian poet’s guide around Barcelona and took him to the Sagrada Família:
“I remember that Lorca, standing before the magnificent façade of the Sagrada Família, claimed to hear a clamour whose shrillness rose all the way to the pinnacles of the basilica, provoking such intense tension that he found it unbearable.”
The Torre del Veguer winery in the Garraf region has a space commemorating Dalí’s relationship with an ancestor of its owners, Joaquín Gay de Montellà i Casanovas. The family has paid tribute to the artist by decorating its wine labels with the work Study for the Jewel ‘The Grapes of Immortality’.
Gaudí became friends with the industrialist Damià Mateu i Bisa (Llinars del Vallès, 1863 – Barcelona, 1935), a member of the Sagrada Família Construction Board, who commissioned him to design his summer residence in Llinars del Vallès, known as La Miranda.
His son Miquel Mateu i Pla (Barcelona, 1898–1972), founder of the Castell de Perelada winery, and Dalí shared a mutual affection. It is well known that whenever the artist welcomed guests to his home in Portlligat, he would offer them a glass of Perelada cava, helping to promote the wine internationally.
Since 1979, the brand has operated a winery in Vilafranca del Penedès, enabling it to establish itself among the leading producers of sparkling wines.
Josep Maria Subirachs i Sitjar (Barcelona, 1927–2014) was one of the most prominent sculptors of the second half of the twentieth century. He is best remembered for the sculptural ensemble on the Passion Façade of the Sagrada Família in Barcelona, where he took Gaudí’s intention of creating an extreme contrast with the Nativity Façade to its fullest expression.
For many years, Subirachs opposed the continuation of construction on the basilica after Gaudí’s death. However, in 1987 he accepted the commission, completing his work in 2009.
All of Subirachs’s works reflect his distinctive artistic character, something particularly difficult to achieve when sculptures must be integrated into public spaces, as he demonstrated with SITGES, located at the entrance to Can Robert Park.
One of his closest friends was the photographer Joan Iriarte i Ibarz (Barcelona, 1936 – Sitges, 2018), who settled in Sitges and documented Subirachs’s creative process at the Sagrada Família.
Sitges also houses two important collections of Subirachs’s work: one at the Àgora 3 art gallery and another permanently displayed at the Estela Barcelona Hotel.
Montserrat Monastery is another essential location in Subirachs’s artistic world, as numerous monumental works by the sculptor can be admired there. The mountain massif is also a spiritual and visual landmark, visible from many of the vineyards within the Penedès Designation of Origin.
The Montserrat Museum displays several distinctive and noteworthy works by Subirachs, including La Família (“The Family”), on long-term loan from the Fundació Pinnae in Vilafranca del Penedès.