ESPAÑOL (ENGLISH BELOW)

El creador de formas
En la capilla de la Colonia Güell, sobre el dintel
de la puerta de entrada, una composición cerámica ostenta
los símbolos de las cuatro virtudes cardinales: la templanza se muestra
con el cuchillo cortando el pan y el vino dentro del porrón, pues,
gracias al porrón, en nuestro pueblo es donde hay menos borrachos del porrón en tiempos de Gaudí implicaba considerar el vino como un auténtico alimento.

Antoni Gaudí

Gaudí fue un gran observador de la naturaleza. Una naturaleza que durante millones de años estaba en continua evolución, en constante perfeccionamiento. Gaudí observaba su luz, sus estructuras, sus geometrías, sus funciones. La naturaleza fue su maestra, la lección que más influyó en su obra.

Con toda la ingente información que fue interiorizando, fruto de esta contemplación y de su estudio, la mente de Gaudí desarrolló un nuevo método creativo que le permitió seleccionar lo mejor de lo aprendido para crear algo nuevo. Una nueva luz. Una geometría nunca aplicada. Una nueva visión de la tradición. Una recuperación del valor de la artesanía. “Los métodos de Gaudí, un siglo después, continúan siendo revolucionarios” Sir Norman Foster.

Gaudí fue pionero en el uso del diseño paramétrico analógico, precursor del actual digital, mediante su genial invento de la maqueta funicular que construyó en su taller de la Colonia Güell. Este modelo revolucionario estaba suspendido en posición invertida y el arquitecto dirigía los complejos cálculos; después tomaba fotos y las giraba dibujando sobre ellas el diseño final de lo que sería el futuro templo. Este fue su enorme legado científico. Pero no fue hasta mediados del siglo XX que se comenzó a comprender la importancia de esta herencia, destacando arquitectos de fama mundial como el alemán Frei Otto, fundador del Instituto de Estructuras Ligeras de la Universidad de Stuttgart, cuya imagen más icónica fue el Estadio Olímpico de Múnich.

A partir del siglo XVII, la tradición popular de hacer torres humanas (castells) se extendió por el Camp de Tarragona y el Penedès. Gaudí se mostraba satisfecho de la semejanza simbólica de los castells con las torres de la Sagrada Familia: “Los santos que irían a los vitrales de las ventanas, uno sobre otro, representaban que nadie puede subir al cielo por sus propios medios; para llegar hay que ayudarse unos a otros”. Pero también existe una coincidencia científico-técnica: la hornícula, o curva de equilibrio, de un castell coincide con la silueta de las torres del templo. Ambas obedecen a la misma ley de equilibrio; es por simple sentido mecánico. Pura racionalidad y funcionalidad populares aplicadas a la mecánica constructiva.

A partir del modelo tridimensional de la Colonia Güell, Gaudí pudo completar la cripta de esta iglesia. Fue así un compendio de la traducción de la naturaleza a la arquitectura mediante la utilización de formas geométricas regladas: paraboloides hiperbólicos, hiperboloides, helicoides, conoides. “Sin la prueba a gran escala de estas formas curvadas que hice en la Colonia Güell, no me habría atrevido a utilizarlas en el Templo de la Sagrada Familia. Esta obra fue, por tanto, el experimento previo de la nueva arquitectura”.

El mosaico de trencadís en el dintel de la puerta de acceso a la Cripta de la Colonia Güell contiene representaciones de las cuatro virtudes cardinales, así como uvas blancas y negras, y un porrón típico catalán que ejemplifica la moderación durante la ingesta de vino. Así se recrea la visión de un Gaudí compartiendo comidas con los obreros de la cripta, donde nunca faltaba un buen vino, siempre en porrón.

Usar el porrón plantea un reto artístico, por la artesanía del recipiente y la destreza necesaria, además de una prueba de catalanidad aceptada por todos. Pero Gaudí también lo valoraba como una prueba de racionalidad. Según él, el porrón evita los excesos en la bebida y permite disfrutar del placer de beber vino de manera ortodoxa y casi científica. Actualmente, se ha generalizado la escenografía de los sommeliers: removiendo ligeramente el vino en la copa, examinándolo a contraluz, tomando un sorbo, paseándolo por la boca y aspirando un hálito de aire para apreciar todos sus aromas. El porrón cumple todas estas funciones de manera sencilla y natural: el vino yace decantado en el cuerpo transparente, fluye por el pico y riega cada parte de la boca mientras se respira para tragar el chorro. El uso del porrón en tiempos de Gaudí implicaba considerar el vino como un auténtico alimento.

Las obras de Gaudí son un claro compendio del naturalismo arquitectónico que él llevó a la práctica, ya que para diseñarlas se basó en las leyes de la naturaleza y se inspiró directamente en el mar, las montañas, las flores, los animales y los árboles. Para conocer al máximo estos elementos de la naturaleza, que ya habían sido llevados al arte por las antiguas culturas, el arquitecto consultaba el tratado de ornamentación “Grammar of Ornament” del británico Owen Jones.

Esta publicación se encontraba en la biblioteca de la Universidad de Barcelona, donde cursó su carrera, y en ella fue donde el joven Gaudí tuvo su encuentro con un nuevo universo artístico de formas geométricas y naturalistas ricamente policromadas. La contemplación directa de las láminas cromolitográficas de esta obra lo atrajo enormemente. Su mente creativa atendía más a lo que veía y menos a lo que leía en los libros oficiales de texto de la Escuela de Arquitectura de Barcelona.

En el mencionado mosaico de la Colonia Güell se encuentran hojas de parra o de vid, así como las hay en la Casa Vicens entre muchas otras representaciones de elementos de la naturaleza. Por ejemplo, se pueden ver claveles de moro plasmados en cerámica en la fachada. Cuando Gaudí visitó el solar del futuro edificio lo encontró repleto de estas flores. Lamentando que tuvieran que desaparecer por la construcción, les dio vida reproduciéndolas en azulejos. Reprodujo fielmente los pétalos de color naranja y las hojas con un verde muy especial que pasaría a ser conocido como Verde Gaudí. El respeto a la naturaleza era un principio básico para el arquitecto.


ENGLISH

The Creator of Forms

At the chapel of the Colònia Güell, above the lintel
of the entrance door, a ceramic composition displays
the symbols of the four cardinal virtues:
temperance is shown with the knife slicing the bread and the wine in the porró, since,
thanks to the porró, in our village there are the fewest drunkards.

Antoni Gaudí

Gaudí was a keen observer of nature—a nature that, over millions of years, was in continuous evolution, constantly perfecting itself. Gaudí observed its light, its structures, its geometries, and its functions. Nature was his teacher, the lesson that most influenced his work.

With all the immense information he internalized from this contemplation and study, Gaudí’s mind developed a new creative method that allowed him to select the best of what he had learned to create something new. A new light. A geometry never applied before. A new vision of tradition. A revival of the value of craftsmanship.

“Gaudí’s methods, a century later, remain revolutionary.”

— Sir Norman Foster

Gaudí was a pioneer in the use of analog parametric design, the precursor of today’s digital methods, through his ingenious invention of the funicular model that he built in his workshop at the Colònia Güell. This revolutionary model was suspended upside down, and the architect directed the complex calculations, then took photographs and rotated them to draw the final design of what would become the future temple. This was his enormous scientific legacy. Yet it was not until the mid-20th century that the importance of this heritage began to be understood, highlighted by world-famous architects such as the German Frei Otto, founder of the Institute for Lightweight Structures at the University of Stuttgart, whose most iconic work remains the Munich Olympic Stadium.

Since the 17th century, the popular tradition of building human towers (castells) spread through the Camp de Tarragona and Penedès. Gaudí was pleased by the symbolic resemblance of the castells to the towers of the Sagrada Família: “The saints that would go into the stained-glass windows, one atop the other, represented that no one can reach heaven by their own means; to get there, we must rely on each other.”

There is also a scientific-technical coincidence: the fornícula, or balance curve, of a castell corresponds to the silhouette of the temple’s towers. Both obey the same law of equilibrium; it is pure mechanical sense. Popular rationality and functionality applied to constructive mechanics.

Using the three-dimensional model of the Colònia Güell, Gaudí was able to complete the crypt of this church. It was, thus, a compendium of translating nature into architecture through the use of ruled geometric forms: hyperbolic paraboloids, hyperboloids, helicoids, and conoids.

“Without the large-scale testing of these warped forms that I did at the Colònia Güell, I would not have dared to use them in the Temple of the Sagrada Família. This work was, therefore, the preliminary experiment of the new architecture.”

The trencadís mosaic on the lintel of the entrance to the Colònia Güell Crypt contains representations of the four cardinal virtues, as well as white and black grapes, and a typical Catalan porró that exemplifies moderation during wine consumption. This recreates the vision of a Gaudí sharing meals with the workers of the crypt, where good wine was never missing, always served in a porró.

Using the porró presents an artistic challenge, due to the craftsmanship of the vessel and the skill required, as well as a demonstration of Catalan identity recognized by everyone. But Gaudí also valued it as a test of rationality. As he said, the porró prevents excess in drinking and allows one to enjoy the pleasure of drinking wine in an orthodox and almost scientific way. Today, sommeliers follow a complex ritual: swirling the wine in the glass, examining it against the light, taking a sip, moving it around the mouth, and inhaling air to appreciate all its aromas. The porró performs all these functions simply and naturally: the wine rests, decanted, in the transparent body, flows along the spout, and wets every part of the mouth, while the drinker breathes while swallowing the stream. In Gaudí’s time, the use of the porró meant that wine was considered a genuine food.

Gaudí’s works are a clear compendium of the architectural naturalism he put into practice, as in designing them he relied on the laws of nature and was directly inspired by the sea, the mountains, flowers, animals, and trees. To fully understand these natural elements, which had already been brought into art by ancient cultures, the architect consulted the ornamentation treatise Grammar of Ornament by the British architect Owen Jones.

This publication was in the library of the University of Barcelona, where he studied, and it was there that the young Gaudí encountered a new artistic universe of richly polychromatic geometric and naturalistic forms. The direct contemplation of the chromolithographic plates of this work fascinated him immensely. His creative mind paid more attention to what he saw than to what he read in the official textbooks of the Barcelona School of Architecture. In the aforementioned Colònia Güell mosaic, one finds grape and vine leaves, as well as similar representations in Casa Vicens among many other natural elements. For example, marigolds appear rendered in ceramic on the façade. When Gaudí visited the site of the future building, he found it full of these flowers. Regretting that they would disappear during construction, he gave them life by making them in tiles. He faithfully reproduced the orange petals and leaves in a very special green, which became known as Gaudí Green. Respect for nature was a basic principle for the architect.