7.1

Las catedrales del vino

El arte lo hace el hombre para el hombre y, por tanto, debe ser racional.

Mis ideas son de una lógica indiscutible; lo único que me hace dudar es que no hayan sido aplicadas anteriormente y que tenga que ser yo el primero en hacerlo…

La primera cualidad que debe tener un objeto para ser bello es cumplir con el fin al que está destinado. Para que un objeto sea altamente bello, es necesario que su forma no tenga nada superfluo, únicamente las condiciones materiales que lo hacen útil; hay que tener en cuenta el material del que se dispone y los usos que debe prestar; y de ahí nacerá la forma general.

Antoni Gaudí

Desván de la Casa Milà, con los característicos arcos equilibrados de ladrillo plano de Gaudí.

7.2

Foto: Construcción de la bodega cooperativa de Pinell de Brai (1919), obra del arquitecto Cèsar Martinell i Brunet, discípulo de Gaudí.

Gaudí demostró en la Bodega Güell del Garraf (1895–1897) que su «nueva arquitectura» era especialmente adecuada para la elaboración y crianza del vino, en particular por sus arcos, que denominaba equilibrados (parabólicos, hiperbólicos y catenarios), muy presentes en este edificio.

Otros arquitectos modernistas también utilizaron estas soluciones estructurales gaudinianas, como Josep Puig i Cadafalch en la primera bodega de vinos espumosos: las Cavas Codorníu. Así lo demuestra el testimonio de Josep Bayó i Font, contratista de la Casa Batlló y la Casa Milà, quien manifestó que Puig visitó, a escondidas de Gaudí, las obras de construcción y mostró un gran interés por los arcos que Gaudí había diseñado. Puig manifestó a menudo su afecto por Gaudí: realizó donaciones para las obras de la Sagrada Familia y fue miembro del jurado del concurso internacional convocado con motivo del centenario del arquitecto. Además, conservaba en su archivo una copia de la fotografía de la Bodega Güell tomada por los excursionistas que la visitaron en 1900, bajo el epígrafe «Gaudí».

También cabe mencionar la participación de uno de los discípulos de Gaudí en las mencionadas cavas de Sant Sadurní d’Anoia: Lluís Bonet i Garí, quien posteriormente llegaría a ser director de las obras del templo de la Sagrada Familia. Bonet fue el encargado de llevar a cabo las reformas y la gran ampliación de las Cavas Codorníu. Uno de sus hijos, Jordi Bonet i Armengol, también dirigió las obras de la Sagrada Familia entre 1985 y 2012.

El magisterio de Gaudí en arquitectura vinícola sería continuado por sus discípulos más aventajados: Joan Rubió i Bellver (Reus, 1870 – Barcelona, 1952) y Cèsar Martinell i Brunet (Valls, 1888 – Barcelona, 1973).

Si Eusebi Güell consiguió cultivar viñedos y producir vino en el abrupto macizo del Garraf, años más tarde Manuel Raventós i Domènech (Sant Sadurní d’Anoia, 1862 – Barcelona, 1930) llevó a cabo una hazaña semejante en Raïmat. Ambos proyectos fueron innovadores en el ámbito medioambiental y paisajístico. Güell y Raventós se conocían por su vinculación al Institut Agrícola Català de Sant Isidre: Güell fue socio y miembro de su junta directiva, Raventós fue presidente y su hermano Jaume, director del laboratorio químico.

Para la colonización de Raïmat, Raventós eligió al arquitecto Joan Rubió, quien trabajó allí durante una década, dejando la huella gaudiniana por todas partes, pues había sido ayudante de Gaudí en la Colonia Güell, entre otras obras. Rubió introdujo en esta bodega una solución innovadora mediante el uso de agua estancada en la cubierta como aislamiento térmico del interior.

Cèsar Martinell llevaría a su máxima expresión las denominadas «catedrales del vino», convirtiéndose en un auténtico virtuoso en el uso de los arcos gaudinianos de ladrillo visto. Gaudí había descubierto las numerosas ventajas de este tipo de arco equilibrado, pues era más resistente, duradero, económico y bello que los clásicos. Así se conseguían inmensas naves diáfanas, adecuadas para la elaboración y el almacenamiento de productos agrícolas. Pura racionalidad de la gente del campo.

Martinell construyó al inicio de su carrera como arquitecto (1917–1923) medio centenar de bodegas y otras construcciones agrícolas. Ya en el primero de estos encargos, la Bodega Cooperativa de Pinell de Brai (1917), pidió consejo a Gaudí, quien le indicó que utilizara sin temor su sistema constructivo. En el Penedès, Martinell dejó varios ejemplos de su maestría: la Bodega y molino de aceite de Llorenç del Penedès (1920), la Bodega Cooperativa de Sant Jaume dels Domenys (1920), la Bodega Cooperativa de Les Cabanyes (1920–1921), la Bodega Cooperativa de Moja (1921) y las Cavas Miró de Sant Sadurní d’Anoia (1929).